Pastor J. Carlos Faria


 

La depresion de Elías
por el Pastor J. Carlos Faria

 

   Quisiera hablar en este tiempo de uno de los males más grandes de esta época. En parte lo conozco, pero  en mayor parte le desconozco. Ha afectado a la iglesia como tal, y también a muchos de cada uno de nosotros en particular, entre los cuales, mi incluyo.

Cuando El Espíritu de Dios habló esta  palabra a mi corazón, me hizo saber que debido a las circunstancias que Él estaba permitiendo venir sobre esta tierra, este tremendo mal, había afectado no solo a los mayores, sino también a jóvenes y aún niños.

Para poder mirar este tema he elegido a uno de los más grandes profetas de todos los tiempos, el cual no vio muerte, por lo menos, como nosotros entendemos de la muerte.

Pero antes de comenzar a desarrollarlo, quisiera resaltar que el Espíritu Santo conoce tus bajones, él sabe de esos estados del alma en los que muchas veces entras.

 No quieres ni tienes ganas de orar.

No quieres congregarte.

No quieres gracia.

No quieres leer la Biblia, ni aún, que te hablen de Dios.

Cuando tu corazón “no quiere” es porque allí hay depresión, hay un bajón, hay un sentimiento negativo, hay algo allí que te está trabajando.

El  libro de 1° Reyes 19 verso 4 “Y Elías se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro deseando morirse..”

Este pasaje nos muestra que, generalmente en medio de nuestra angustia,  nos parece que ya no servimos para nada. Que todo a nuestro alrededor se oscurece, y que ya no vale la pena emprender cualquier cosa que tenga un buen futuro.

Tomar decisiones en los momentos de angustia, tristeza o desaliento quizás nos lleve a un final que no pensamos ni deseamos. Dios sabe, que esos momentos no son para tomar decisiones.

Pero  si jamás en realidad nos deprimiéramos, sería señal de que no estamos vivos. Sólo las cosas inertes están exentas de depresión. Sólo aquello que está caído, puede ser levantado. Sólo aquello que fue humillado, puede ser exaltado.

Si tratamos por nosotros mismos de vencer la depresión, en una auto examinación, sólo logra  hacerla más profunda.

Entonces, ¿Qué es en verdad una depresión?.

Es un sentimiento de fracaso.

Es sucumbir, es renunciar, es ser llevado por la prueba, el miedo, el problema y el dolor ¿a dónde?... a la postración.

El depresivo pierde fuerza emocional, pierde interés por la iglesia, por la familia, por la vida. El depresivo es apático y también conflictivo.

¿ Pero dónde, cuándo y cómo comienza la restauración de Dios en nosotros?

David dijo en el Salmo 34:19. “Muchas son las aflicciones del justo. Pero de todas ellas le librará Jehová”.

Quisiera observar algunos puntos, no dudando que puede haber muchos mas,  de cómo Dios le ayudó a Elías a superar esa depresión.
El primero de todos es:
¡DIOS! siempre primero DIOS!. Él interviniendo por sobre las cosas.

Cuando Dios vio a Elías deprimido, ¿Qué hizo? Envió un ángel, Dios intervino no dejando abandonado a su profeta, a su hijo.1 Reyes 19:5.

Pero observa. No envío cualquier Angel, sino el ángel de Jehová. El Señor Jesús mismo  según podemos llegar a entender por otros pasajes.

Como verás; en este caso la restauración comienza debajo de un árbol y durmiendo. ¿Quieres algo más natural?

Quizás pensemos que una restauración de Dios debe venir con señales y manifestaciones celestiales y tremendas. Sin embargo Dios comienza la restauración de Elías de una manera un poco increíble para nosotros, repito, “debajo de un árbol y durmiendo”.

No le trae una visión. Tampoco le explica  las escrituras  para hacerle entender ninguna  cosa destacable, aparentemente utiliza solo algo vulgar y cotidiano como es levantarse y luego comer. Le dijo: “...levántate y come... deja de comer esa comida de tu alma que esta llevando tu vida a la muerte, y come de la comida que yo he preparado”. 

De manera que lo primero que hizo Dios fue proveer a sus necesidades físicas, pero de una manera milagrosa.

Dios permite que descanse. El viaje había sido y sería largo.

Luego  lo despierta de su condición para que sepa cuan débil  es en sus propias fuerzas; pese a que es, el mismo hombre por cuya oración Dios movió los elementos e hizo llover.

Es el mismo hombre que mostró el poder de Dios ante los profetas paganos de Baal y que luego corrió largos kilómetros delante de su rey para demostrarle su lealtad y servicio. Pero también es el mismo que ahora se esconde de la ira de una mujer y cree, que es el único fiel a Dios

Es interesante ver lo que hizo el ángel. Sólo lo tocó. Ese fue un toque de ternura, de apoyo, de ayuda, de solidaridad. Cuando Elías sintió el toque del ángel su ánimo comenzó a subir.

Luego lo despertó y le proveyó. Vea que no sólo le despertó para demostrarle su condición, sino que también proveyó para Él la solución y la dirección.

Dios no sólo nos recuerda lo que somos, sino que también provee la respuesta a nuestra condición. La ternura es  medicina efectiva para un deprimido. Entiéndase bien. Digo ternura de Dio. No compasión ni auto compasión humana.
El Angel expresó: “Elías levántate”. La voz del mensajero lo superó. Un deprimido detesta que le repitan su situación, porque eso le acelera el tormento.

Pero éste que estaba delante de él, era Aquel que al impartirle la orden, también infundió con ella el poder de la fuerza para poder cumplirla.
El Angel lo alimentó: “¡Come!”. Un deprimido se niega a comer, porque su meta es morirse.

La comida nutre el organismo y esto es lo que necesita un deprimido. Pero sabes, no pasa solamente  por la comida física, la cual seguro levantará nuestro cuerpo, primero deberá alimentar tu alma, tus emociones.

Cuerpo, pero también alma y  luego, tu espíritu encontrará un tabernáculo perfecto para seguir cumpliendo el propósito que Dios te encomendó. Si las dos primeras no están bien, tarde o temprano el espíritu no encontrará un buen canal para poder fluir.

Elías comió y bebió y volvió a dormirse. Los síntomas de la depresión comienzan con fatiga y apatía. El descanso es vital para el deprimido, porque la depresión mental es una consecuencia de la depresión física. Y viceversa. Cuando el cuerpo descansa bien, la mente trabaja efectivamente.
Luego que comió la primera vez el ángel le dijo: “Elías, levántate y come porque largo camino te resta”. ¿Qué hizo ahora el Señor? Lo proyectó hacia el futuro, “largo camino te resta”, algo queda todavía para hacer.

 Un deprimido cree que ya lo ha hecho todo en su vida. Elías se creía acabado. Pero Dios lo proyectó con su mañana, con su deber, con su responsabilidad, con su ministerio.

Luego de caminar y caminar cuarenta días y cuarenta noches llegó al Monte Horeb, el Monte de Dios. Y allí metido en una cueva le llega  la pregunta de parte del Señor: ¿”Qué haces aquí Elías”?. Esta pregunta le dio a Elías un sentido de existencia, de vida. ¿”Por qué estas tú, en este lugar”?

Esta pregunta sacudió la conciencia del profeta. Esto lo inquietó, lo confrontó con su trabajo.

Elías después del enebro se metió en una cueva.

Observa a  dónde fue a parar uno de los mayores profetas de Dios.

Del monte Carmelo al desierto, y del desierto a una cueva.

El Señor le dijo: “¡Sal fuera”!.

Dios quería sacar al profeta de su estado depresivo. Dios quería cambiarle “el ambiente”. El problema de un deprimido es el encierro rutinario. Es ese escondrijo en que vive. Son esas cuevas oscuras. Son esos deseos frustrados.

Elías pensaba que ese era el mejor lugar donde Dios podría revelarse. ¿Acaso no era el famoso Monte Sinaí de Moisés?. ¿No era el monte de la revelación?. ¿No era la cueva donde Dios había escondido al libertador de su pueblo cuando salieron de Egipto, y pidió ver la Gloria del Señor?.

Delante de éste profeta comenzaron a pasar los distintos moveres de Dios. Viento, terremoto y fuego, todos provocados por El Señor. Pero no era esto lo que él estaba buscando, ni tampoco lo que Dios le quería revelar.

Esto pertenecía a Dios, pero era pasado, él quería “lo nuevo de Dios” para su vida.

Después del fuego, un silbo apacible conmovió todo su ser. Investigaciones mas recientes sobre la traducción de la palabra silbo apacible, revelan que debería traducirse, “como el sonido del silencio” o sea, sin ningún tipo de manifestación. Plena quietud.

Sólo el hablar de Dios al corazón del hombre.

La gran soledad había sido una de las causas de  la  depresión. En la soledad, la mente divaga mucho. El pensamiento  inventa miles de cosas que no son. La mente construye miedos, mentiras, monstruos, fantasmas.

Y el silencio habló. Dios, le mostró que si bien hasta ese tiempo él había sido el gran profeta, ahora lo preparaba para el mayor ministerio que nunca había imaginado. Ser un vaso que ungiría a otros, que prepararía a otros para el supremo propósito del Señor en la tierra, que es: “EL QUE SE HAGA Y CUMPLA SU VOLUNTAD”.

Comprendió que si bien Dios le había dado la llave de los cielos para  que la lluvia respondiera a su voz, el fuego descendiera del cielo sobre el holocausto, y el aceite y la harina de la viuda no mermara, sin embargo no podía, no podía, ¡NO PODIAAAAA...! pese a su gran ministerio, cambiar los corazones de los hombres.

Saben amigos, Elías era aquel que podía decir: “Sirvo al Dios en el cual estoy en su presencia”. “No habrá lluvia hasta que yo lo diga”. “Por mi boca abro los cielos, y por mi boca cierro los cielos, tal es la comunión que yo tengo con mi Dios”.

Por medio de Elías,  no menguó el aceite, ni la harina de la viuda.

Por medio de Elías se lleva a cabo la primera resurrección de una persona.

Por medio de Elías fuego descendió del cielo.

Pero el profeta deprimido tenía un clamor: “¡Dios mío, los hijos de Israel han dejado tu pacto, derribado tus altares,  matado a tus profetas, y  yo sólo he quedado con el celo antiguo por tus valores, y sumado a ello, la muerte me busca para hacerme desaparecer!. De que sirvió creerte. De que sirvió guardarme. De que sirvió predicar tu palabra. De que sirvió ir contra la corriente del mundo. De que sirvió ser oprobió de todos, si de igual manera no puedo cambiar el corazón de tu pueblo ”.

Pero el Señor le contestó en esta cierta forma “Estás equivocado amado varón. Tengo aún mucho trabajo para ti, si bien todavía té queda un desierto; pero cuando llegues al lugar que Yo te envío.

 ¡ Oye bien... qué Yo te envío!

Comenzará en ti, el ministerio nuevo de la unción que tengo preparado para esta nueva etapa de tu vida. Prepararás a otros con Mi Unción, para que estos cumplan mis propósitos. Y tranquilízate... varón, ¡el hombre no puede, los profetas no pueden, los ministerios no pueden, pero oye... Yo haré, ¡Yo haré!. ¡Yo haré, que queden en mi pueblo! Siete mil. Hombres,  mujeres,  jóvenes, niños.  Tengo  aquellos cuyas rodillas no se doblaron, ni sus bocas  besaron al Dios de este mundo”.

El Señor le estaba diciendo: “No estás sólo, tengo preparados a otros. Mi propósito en este tiempo será cumplido no sólo por un hombre o mujer muy especial. Ya no estará en la mano de uno sólo. Tengo reservados a otros, que aún cuando venga mi unción; mi manto sobre ellos, cumplirán mi propósito en esta tierra”.

“Tengo preparado un tabernáculo (mi cuerpo) de hombres y mujeres, los cuales unidos firmementes en mi amor, llevarán adelante la manifestación de mi persona en gloria en la tierra. Ahora ve a ellos a prepararlos. Mi unción está contigo, te doy la orden y con ella las fuerzas para que cumplas tu gran comisión. El manto todavía sigue contigo y aún las aguas, que significan las oposiciones de las cosas este mundo, se partirán delante de ti, para entrar en  aquello que ojo no vió, ni oído oyó y que Yo tengo preparado para aquellos que me aman”.

Amado, estás deprimido. ¡Síntoma de que estás vivo!.

Estas abatido, ¡serás levantado!.

Ahora come el Pan del cielo que el te ha preparado y bebe de sus aguas que  harán que nunca vuelvas a tener sed.

Oye la voz de Su silbo apacible hablando a tú corazón, es tiempo de salir de tú cueva.

¡Grandes cosas te esperan!.

 JUAN CARLOS FARIA

 

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